Mujer o Madre. Un Feminismo que SÍ me interesa es republicado desde Cleoveo
He de comenzar diciendo que nunca he sido seguidora de este movimiento que defiende que hombres y mujeres han de tener los mismos derechos. ¿Cómo es posible que una mujer del siglo XXI, independiente y emprendedora, no sea feminista? Quizá porque he tenido que recurrir a la RAE para conocer la definición de esta ideología, quizá porque esa definición no representa lo que muchos entendemos o malentendemos por feminismo, quizá porque no es capaz de transmitir todo lo que ha existido y existe tras ella, todo lo que ha dado lugar a que la identifiquemos con un movimiento radical que rechazo completamente.
La Real Academia de la Lengua (RAE), define el Feminismo como una ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres"
Hoy iba a escribir un artículo bien distinto, un tema de maternidad muy acorde al SEO que necesitamos. Otro día de pelea para hacer compatibles 2 cosas: escribir lo que yo quiero y como quiero, para disfrutar, hacer algo de valor y llegar a ti; y escribir con las normas no escritas de Google para que me admita en su club robótico en una posición privilegiada, ¡qué difícil!
Lo siento Iñaky, hoy me vas a tener que permitir saltarme las reglas : ). Hoy he de saltarme nuestro calendario editorial después de leer un artículo que me ha conmovido y que me pide escribir sobre Feminismo. Se trata de "Maternidad, tacones y feminismo", una entrevista del Círculo de Bellas Artes de Madrid realizada por Carolina del Olmo a Christina Rosenvinge.

Feminismo radical
He pasado por muchas etapas en mi vida y creyendo tenerlo todo por fin claro he vuelto a cambiar de planes una y otra vez. Parece que en mi día a día ese refrán de "No digas de este agua no beberé..." se cumple muy a menudo. Pero me gusta, me gusta que no existan fórmulas mágicas ni dogmas inamovibles porque eso hace que cada paso sea mucho más rico y emocionante, y que lleguen nuevos retos de forma casi constante.
Pero a pesar de ello todavía caben algunos dogmas inamovibles en mi filosofía de vida. Uno es este: todos los radicalismos son malos. Con el feminismo no es diferente. No voy a entrar en más definiciones porque no soy en absoluto una especialista en el tema, solo soy una mujer que ha rechazado durante años la maternidad como un lastre para su desarrollo personal y profesional y a la que la maternidad le ha puesto en una difícil situación.
Aún así tengo claro es que si el feminismo defiende que me contraten antes a mi que a un hombre por el hecho de ser mujer o porque haya que cumplir una cuota no lo quiero. Quiero llegar porque soy mejor que él, en caso de serlo. Quiero que me apoyen para sacar adelante mi proyecto porque estoy luchando mucho por ello y porque el proyecto lo merece, no por ser una madre emprendedora. Quiero ser mujer y ser diferente a cualquier hombre porque me gusta serlo y porque intentando imitar lo peor de su carácter, también mal entendido, -seguro-, he perdido y pierdo mucho en el camino.
Pero también quiero ser madre, quiero vivir la maternidad, quiero estar cerca de mis hijos y no quiero perder mi condición de persona y mujer, quiero ser madre y seguir teniendo mi espacio, quiero ser madre y aspirar a cumplir mis objetivos más individuales, quiero ser madre y no tener que elegir entre ellos y mi trabajo, entre ellos y mi persona. Quiero un feminismo que me represente no un movimiento radical que me deje en ridículo.

Aborto y feminismo
No se puede hablar de feminismo sin abordar un tema como el aborto y es un tema que he vivido muy de cerca. Sí, yo aborté antes de ser madre, y no fue un aborto natural como les conté a mis amigas en un intento por desahogarme sin perder su amistad o evitar su total rechazo. Aborté de forma voluntaria y gratuita. Gratuita sí, porque al menos en aquel momento la Seguridad Social lo cubría todo. Eso sí, no dejaron rastro, no me permitieron quedarme con ningún documento o ecografía que me permita hoy recordar ese difícil momento, nada que pueda manchar mi historial de forma pública o privada.
Lloré, lloré mucho antes de tomar la decisión y he de confesar, otra confesión más, que si solo hubiera dependido de mi no lo habría hecho porque las hormonas, esas que llegan veloces para proteger a la nueva vida, ya se comenzaban a acumular llenándome de dudas. Y no es que yo fuera joven, en absoluto, tenía 32 años, una pareja estable y trabajo, pero no quería. En aquel momento yo era lo primero y no cabía nadie más. Había puesto todas las medidas para que no ocurriera y aquel accidente no era culpa mía. ¿Por qué una mujer en su sano juicio querría ser madre?
"Gracias" a ello ahora soy madre, porque el aborto sí tiene consecuencias y sí deja mella por muy dura, fría e individualista que seas, por mucho que intentes ser igual que un hombre en el peor de los sentidos posibles.
Antes de abortar defendía firmemente la libertad de la mujer para hacerlo, ahora también la defiendo pero jamás volvería a repetirlo y si alguien en esta situación me pidiera consejo le diría que no lo hiciera, que apostara por esa nueva vida. Pero ¿por qué no se puede hablar sobre este tema? ¿Por qué me está siendo tan difícil decidirme a contarlo? ¿Por qué todo tiene que ser blanco o negro, a favor o en contra?
La maternidad en el siglo XXI
Christina, qué de acuerdo estoy contigo cuando dices que tampoco hay dogmas en maternidad y crianza a pesar de la gran proliferación de teorías. Efectivamente, hay tantas teorías como madres y la mejor fórmula, como tantas veces, es la propia experiencia y el sentido común.
El problema es que hoy estamos más solos que nunca a pesar de contar con una inimaginable cantidad de información. Nos falta esa vecina, abuela o tía soltera que vive en casa, esa que te ofrece su afecto y los ingredientes básicos para las recetas básicas de la maternidad primeriza. Recetas que nunca te funciona igual pero a partir de la cuales puedes elaborar las tuyas. Partir de cero es muy duro y sentirte tan perdida y sola al convertirte en madre es doloroso. Pero millones de mujeres han sido madres antes que tu así que quejarte por ello te parece completamente ridículo, una debilidad imperdonable. Hoy en día parece que lo que nos queda es abrir un blog para desahogarnos o buscar apoyo en ellos. Es un poco triste, o quizá no, no lo sé, todo está cambiando demasiado deprisa.

También es cierto, como comenta Carolina, que muchas veces la maternidad se convierte en un refugio para huir de un mundo que no te gusta o que te ha decepcionado. Sí, quizá lo sea pero es un refugio que te permite parar y conocerte a ti misma para, muchas veces, encontrar tu verdadero lugar y coger impulso, para reinventarte, o para sacar por fin de ahí dentro lo que llevaba años buscando cómo salir. Bendito refugio si logramos, como dices Christina, que sea un viaje de ida y vuelta. Una entrega temporal y un baño de humildad y no una entrega incondicional que convierta a la crianza con apego en otro movimiento radical que nos haga retroceder de nuevo.
¿Por qué las mujeres caemos tantas veces en esa entrega y sacrificio casi inhumanos?, por qué nos vemos abocadas a ello como único destino, ¿somos una raza diferente o han sido cientos y cientos de años de aprendizaje y cultura los que nos han hecho ser así? ¿Puede un hombre llegar a sentir como una mujer? ¿Puede un hombre vivir la maternidad como una madre?
No lo sé, quisiera pensar que sí pero no lo creo, ni siquiera sé si lo quiero. También hay un cierto egoísmo en la maternidad, en esa relación única que se establece entre madre e hijo y que no quieres compartir con nadie, quizá sea otro refugio más, no lo sé, pero algo desde luego muy especial y casi inexplicable, "Ese maravilloso infierno de la maternidad", como lo define Ana González Duque en nuestra entrevista. Creo que en todo esto nuestras "hormonas" tienen mucha culpa, creo que solo ellas tienen la respuesta.
Desarrollo personal o maternidad culpable
Pero, después de todo ello, ¿cómo afrontar mi día a día? Cómo evitar sentirme igual que la genial Louise Bourgeois, cómo no vivir siempre entre el conflicto entre la obligación y devoción por cuidar de mi hijo y familia, y el egoísmo propio por buscar de forma desesperada el tiempo necesario para tener mi propio espacio y sacar adelante mi proyecto, ¿cómo no sentirme culpable?
Como tu Christina, también yo tengo ahora un trabajo que me apasiona, un trabajo con el que realmente me identifico y que me hace crecer cada día. Si existe otro dogma en mi vida ese es el de rechazar cualquier trabajo entendido como fuente de opresión, eso sí es una cárcel, eso sí es un mal a erradicar cuanto antes de nuestra sociedad. Pero qué difícil resulta todo cuando eres mujer, qué difícil lograr el equilibrio, qué difícil querer ser mujer y aspirar a ser hombre rechazando convertirte en uno de ellos.

Otro nombre para el feminismo
Christina, tu ya no crees necesario cambiar el nombre de esta ideología, yo pienso que sí. Veo esa necesidad y la veo ahora más que nunca después de leer tu entrevista porque yo no quiero ser feminista, yo quiero ser mujer, quiero ser diferente a cualquier hombre, y quiero ser madre, pero también quiero ser persona y, tomando prestadas tus palabras, quiero tener mi propio cuarto para desde ahí, entre otras cosas, poder cuidar a los demás. Quiero un movimiento que me represente y del que todos los hombres también formen parte porque sin tener su apoyo y convicción nada de esto será nunca posible.
Solo me queda pedirte algo Christina, me encantaría poder entrevistarte en mi podcast Hoy tampoco duermo para hablar de mujer a mujer, de artista a aspirante a, de madre a madre.
Un fuerte abrazo
No comments:
Post a Comment